José Luis Sánchez Noriega recomienda "Poquita fe"
Cita de editor voces en 09/06/2026, 18:36José Luis, conocido crítico de cine y catedrático de la Complutense nos ha hecho dos reseñas – una corta y otra larga – sobre la serie Poquita fe para la edición especial de Voces de cine para el verano que se publica el 19 de junio. Aquí la versión larga para los que queréis profundizar un poco mas:
«Las dos temporadas de la serie Poquita fe (Movistar+ y Buendía Estudios, 2023-2025) presentan una singularidad notable en su formato, tanto por la reducida duración de 15 minutos por episodio como por la enunciación que combina acciones representadas con narraciones y comentarios por parte de los personajes.
En un primer visionado, parece que en cada capítulo se han incluido varios “apartes” teatrales que rompen la cuarta pared con el propósito de que los personajes comenten la acción dramática, aunque estos apartes presentan funciones más diversas e incluyen no solo comentarios explicativos sino también narración de sucesos, reflexiones sobre situaciones representadas, anticipaciones de la evolución de los acontecimientos y, lo que es predominante, verbalización de los sentimientos, dudas, frustraciones…
Un visionado más atento nos permite comprender esos insertos con otra perspectiva, pues el hecho de que adquieran tanto peso como el relato principal nos lleva a considerar una enunciación singular, que en buena medida otorga originalidad a la serie y se erige en su recurso principal para el humor y el talante de comedia. Digamos que no se trata tanto de una trama representada que se ve interrumpida por los comentarios de personajes dirigidos al espectador cuanto de una narrativa dual que combina “diégesis” (narración) y “mímesis” (representación, mostración).
La pareja protagonista formada por Berta y José Ramón logra una fuerte empatía con los espectadores gracias a su combinación de tipos “normales” de clase trabajadora y su condición de “buena gente” que sobrevive sin hacer daño ni aprovecharse de nadie. Los padres de Berta son un matrimonio que los espectadores identifican perfectamente por los roles que desempeñan tanto en la relación entre ellos —el varón torpe y despistado, la mujer controladora— como con sus hijas, hacia quienes muestran, alternativamente, comportamientos de protección y reproche sobre sus vidas. La madre de José Ramón que interpreta Marta Fernández Muro responde a cierto estereotipo de antigua jipi o persona atraída por la cultura oriental que blinda su independencia frente a obligaciones familiares tradicionales.
Los apuntes de comedia cultivan la hipérbole, como pide el género, no exenta de cierta mordacidad: el neonazi que no sabe hacer la esvástica y la madre de José Ramón le tiene que enseñar; el jubilado que se hace youtubero y graba vídeos de «unboxing» con medicamentos; el chico gay que se confunde de cita y acaba en un piso de futboleros desatados, caracterizados por los roles machistas al uso; episodio del cuadro de Franco. En otras ocasiones, la comedia funciona con alusiones sucintas a lugares comunes menos llamativos, aunque con cierto valor sociológico, como el taxista y su emisora de radio con discursos reaccionarios, los mantecados de las monjas o la mancha de humedad con rostro que la madre de José Ramón ve parecido con su marido. En varios sucesos hay un sesgo esperpéntico o surrealista, como el episodio de las palomas con los guardias protegiéndose con paraguas (cap. 103) o la descripción del cuadro de Franco como si fuera el de un perro (cap. 104).
El anclaje con la realidad española contemporánea —que pudiera ser considerado un requisito para el humor neocostumbrista del que se vale la serie— se establece tanto por los citados diseños de personajes como por los temas que aborda. La precariedad de la vivienda para las parejas jóvenes es la cuestión con mayor protagonismo y vertebra toda la segunda temporada. Se hace contrastar la situación de la generación “boomer” de los padres de Berta que han conseguido un chalet adosado en una urbanización —caracterizada por la obsesión de seguridad muy de clase media (cap. 204)— tras dejar un piso amplio en el centro de la ciudad con la generación “millennial” de Berta o su hermana que carecen de vivienda en propiedad y, habiéndose emancipado, han de volver a casa de los padres. Sin casa después de que compre el edificio un fondo buite, José Ramón y Berta esperan que fallezca pronto la madre de Tinín, quien les ha prometido alojarles en su piso, en lo que parece una referencia bastante directa al clásico de comedia española «El pisito» (Marco Ferreri, 1958) de Rafael Azcona.»
José Luis, conocido crítico de cine y catedrático de la Complutense nos ha hecho dos reseñas – una corta y otra larga – sobre la serie Poquita fe para la edición especial de Voces de cine para el verano que se publica el 19 de junio. Aquí la versión larga para los que queréis profundizar un poco mas:
«Las dos temporadas de la serie Poquita fe (Movistar+ y Buendía Estudios, 2023-2025) presentan una singularidad notable en su formato, tanto por la reducida duración de 15 minutos por episodio como por la enunciación que combina acciones representadas con narraciones y comentarios por parte de los personajes.
En un primer visionado, parece que en cada capítulo se han incluido varios “apartes” teatrales que rompen la cuarta pared con el propósito de que los personajes comenten la acción dramática, aunque estos apartes presentan funciones más diversas e incluyen no solo comentarios explicativos sino también narración de sucesos, reflexiones sobre situaciones representadas, anticipaciones de la evolución de los acontecimientos y, lo que es predominante, verbalización de los sentimientos, dudas, frustraciones…
Un visionado más atento nos permite comprender esos insertos con otra perspectiva, pues el hecho de que adquieran tanto peso como el relato principal nos lleva a considerar una enunciación singular, que en buena medida otorga originalidad a la serie y se erige en su recurso principal para el humor y el talante de comedia. Digamos que no se trata tanto de una trama representada que se ve interrumpida por los comentarios de personajes dirigidos al espectador cuanto de una narrativa dual que combina “diégesis” (narración) y “mímesis” (representación, mostración).
La pareja protagonista formada por Berta y José Ramón logra una fuerte empatía con los espectadores gracias a su combinación de tipos “normales” de clase trabajadora y su condición de “buena gente” que sobrevive sin hacer daño ni aprovecharse de nadie. Los padres de Berta son un matrimonio que los espectadores identifican perfectamente por los roles que desempeñan tanto en la relación entre ellos —el varón torpe y despistado, la mujer controladora— como con sus hijas, hacia quienes muestran, alternativamente, comportamientos de protección y reproche sobre sus vidas. La madre de José Ramón que interpreta Marta Fernández Muro responde a cierto estereotipo de antigua jipi o persona atraída por la cultura oriental que blinda su independencia frente a obligaciones familiares tradicionales.
Los apuntes de comedia cultivan la hipérbole, como pide el género, no exenta de cierta mordacidad: el neonazi que no sabe hacer la esvástica y la madre de José Ramón le tiene que enseñar; el jubilado que se hace youtubero y graba vídeos de «unboxing» con medicamentos; el chico gay que se confunde de cita y acaba en un piso de futboleros desatados, caracterizados por los roles machistas al uso; episodio del cuadro de Franco. En otras ocasiones, la comedia funciona con alusiones sucintas a lugares comunes menos llamativos, aunque con cierto valor sociológico, como el taxista y su emisora de radio con discursos reaccionarios, los mantecados de las monjas o la mancha de humedad con rostro que la madre de José Ramón ve parecido con su marido. En varios sucesos hay un sesgo esperpéntico o surrealista, como el episodio de las palomas con los guardias protegiéndose con paraguas (cap. 103) o la descripción del cuadro de Franco como si fuera el de un perro (cap. 104).
El anclaje con la realidad española contemporánea —que pudiera ser considerado un requisito para el humor neocostumbrista del que se vale la serie— se establece tanto por los citados diseños de personajes como por los temas que aborda. La precariedad de la vivienda para las parejas jóvenes es la cuestión con mayor protagonismo y vertebra toda la segunda temporada. Se hace contrastar la situación de la generación “boomer” de los padres de Berta que han conseguido un chalet adosado en una urbanización —caracterizada por la obsesión de seguridad muy de clase media (cap. 204)— tras dejar un piso amplio en el centro de la ciudad con la generación “millennial” de Berta o su hermana que carecen de vivienda en propiedad y, habiéndose emancipado, han de volver a casa de los padres. Sin casa después de que compre el edificio un fondo buite, José Ramón y Berta esperan que fallezca pronto la madre de Tinín, quien les ha prometido alojarles en su piso, en lo que parece una referencia bastante directa al clásico de comedia española «El pisito» (Marco Ferreri, 1958) de Rafael Azcona.»